En un proyecto para un negocio local con bastante volumen online, los cambios eran constantes y el sistema empezaba a mostrar limitaciones típicas de un crecimiento no planificado.
Había despliegues manuales, cambios directos en servidor y poca trazabilidad. El objetivo no fue solo estabilizar la aplicación, sino rediseñar cómo evolucionaba.
Se introdujo control de versiones con Git, flujo de cambios, validaciones antes de promoción y un pipeline de CI/CD con Jenkins para estandarizar entregas y reducir intervención manual.
Después llegó la migración hacia Linux en cloud, tratando infraestructura como código con Terraform y configuración con Ansible. Eso permitió estandarizar paquetes, servicios y políticas base.
La evolución natural fue llevar la aplicación hacia Kubernetes, gestionando despliegues mediante contenedores, servicios, configuración y escalado declarativo.
El resultado fue pasar de un modelo manual y reactivo a un sistema más reproducible, auditable y preparado para evolucionar.