Hace tiempo llegué a un cliente con un marrón serio. El administrador anterior había pasado a gestionar también otra empresa, era autónomo, y parte de la infraestructura era suya.
Al llegar, el rack no estaba. Literalmente no estaba. Se lo habían llevado. Los servidores, switches, routers y centralitas seguían funcionando, pero estaban tirados por el suelo. Encendidos. Operativos. Esparcidos.
Durante años, esa empresa había delegado su infraestructura en una persona sin definir realmente qué era suyo, quién tenía control, cómo se gestionaban accesos o qué pasaba si esa persona desaparecía.
La infraestructura no empieza en Kubernetes, ni en cloud, ni en automatización. Empieza mucho antes: inventario de activos, propiedad clara, control de accesos, documentación y procesos de salida.
Si no tienes eso, no tienes un sistema. Tienes una dependencia. Y las dependencias, cuando se rompen, no fallan poco a poco. Desaparecen.