Hay decisiones técnicas que no se toman porque sean las mejores, sino porque nadie quiere ser quien frene al grupo.
He visto reuniones donde prácticamente todo el mundo intuía que una decisión no era buena, pero nadie quería decirlo. A veces por presión, otras por cansancio y muchas simplemente porque cuestionar algo delante de determinados perfiles genera incomodidad.
En ese momento la decisión deja de evaluarse por criterios técnicos y empieza a evaluarse socialmente. Si todos dicen que adelante, parece que todo está revisado. Si nadie pregunta, parece que no hay problema.
Pero muchas incidencias importantes nacen exactamente ahí. No por falta de conocimiento, sino porque nadie se sintió cómodo frenando algo a tiempo.
Por eso cada vez valoro más a la gente capaz de hacer preguntas incómodas cuando todo el mundo parece convencido. Muchas veces la diferencia entre una migración tranquila y un desastre operativo empieza con alguien diciendo: esperad, creo que esto no está tan claro.