Uno de los errores más habituales en muchos entornos Linux es empezar a desplegar servidores sin definir previamente un baseline común.
Cuando cada administrador instala paquetes diferentes, configura servicios de forma distinta o aplica criterios propios de seguridad, el resultado suele ser una infraestructura difícil de operar y mantener.
Un baseline es un conjunto mínimo de configuraciones, paquetes, servicios y controles que todos los sistemas deben cumplir desde el momento de su despliegue.
No se trata de una política de seguridad compleja. Se trata de garantizar consistencia.
Herramientas como Salt permiten convertir este baseline en código y aplicarlo de forma homogénea sobre cientos o miles de servidores.
Este enfoque es especialmente útil en plataformas gestionadas mediante SUSE Multi-Linux Manager o Uyuni.
He publicado un laboratorio sencillo con una estructura básica para construir este tipo de baseline:
github.com/jgonzalezguevara/suma-linux-baseline
Antes de desplegar más servidores conviene dedicar tiempo a definir cómo deben ser esos servidores. Un baseline bien diseñado suele ahorrar muchas horas de soporte y troubleshooting en el futuro.